Nuestro chico se llama John, John Kirley, y se nos ha metido en un buen lío.
Todo empezó cuando Nadia, su mejor amiga, le convenció para hacer “Un regreso al pasado”, como ella lo llama. Ese sábado subieron al desván con unas velas negras y un viejo libro de maldiciones del padre de Nadia.
Cuando Nadia empezó a leer una de las maldiciones, se levantó viento, como si fuese cosa de brujas. A John le entró mucho miedo, y lo peor era que Nadia parecía no darse de cuenta de aquel fuerte y frío viento.
Inmediatamente, John se encontré tirado en medio de un desierto, incomunicado. Perfecto, se había dormido durante la maldición. Nadia debía estar enfadadísima.
Empezó a caminar. Caminó y caminó durante horas, y parecía no cansarse. Cuando ya estaba oscureciendo encontró una especie de bosque muy frondoso y grande. Un valle.
Buscó un lugar dónde dormir y al rato lo encontró. Era como una roca cubierta de musgo, muy blandita y caliente, y decidió que ese sería un buen lugar para echarse a dormir.
Estuvo pensando mucho rato en que este sueño parecía muy real, tal vez estuviese en el pasado. Pero cuando estaba a punto de dormirse, algo empezó a moverse bajo su cuerpo. Le tiró al suelo.
Desde que vio aquel dinosaurio tan grande como su casa, nada volvió a ser lo mismo. Se aterré, y el dinosaurio se acercaba más y más a él. Pensó que este sería el fin, pero en lugar de eso, el dinosaurio le dio cobijo entre sus patas delanteras, para que estuviese calentito. Era inofensivo y seguramente un buen amigo para John. Le llamaría Dino, pensó, asta que al final quedó profundamente dormido como una marmota.
Cuando se despertó, el dinosaurio todavía estaba allí.
Cristina Rojo Pardiñas